| Aproximadamente
el 16 % de los bebes del mundo nacen con bajo peso.
Se estima que, excluyendo a los decesos ocasionados
por defectos congénitos y anatómicos,
más del 60% de la mortalidad infantil perinatal
está asociado de alguna manera con los partos
prematuros de bebes de bajo peso.
Los niños prematuros de bajo peso tienen un riesgo
más alto de padecer problemas agudos y crónicos
fundamentalmente respiratorios, cardíacos y neurológicos.
El costo de tratamiento de estos bebés resulta
varias veces mas alto que el que conlleva un parto a
término y de bebés de peso normal.
Un parto prematuro se refiere a aquéllos que
se presentan antes de la 37a semana de gestación,
en tanto un bebé de bajo peso es aquél
que pesa menos de 2500 gr al nacer. Cabe aclarar que
el nacimento de un bebe de bajo peso puede deberse a
una duración corta del embarazo (parto prematuro)
o a la restricción de su crecimiento intrauterino
en una duración normal del embarazo.
Los factores de riesgo asociados con partos prematuros
y bebés de bajo peso son: el haber tenido partos
prematuros previos, la edad materna ( £ de 17
años y ³ de 34), el cuidado prenatal inadecuado,
los embarazos múltiples, la raza maternal afro
americana, el nivel socioeconómico bajo, el abuso
de alcohol y de drogas, el tabaquismo, la hipertensión,
las infecciones del tracto genitourinario, la diabetes
gestacional, el bajo peso maternal pregestacional, y
la baja ganancia de peso maternal durante el embarazo.
A pesar de estas asociaciones descriptas son muchos
los casos, aproximadamente el 25%, en los que se sucede
el parto prematuro ó nace un bebé de bajo
peso sin que se encuentre presente alguno de los factores
de riesgo conocidos y, como consecuencia de ello, los
modelos predictivos que se elaboran a fin de planear
estrategias de prevención y tratamiento temprano,
carecen de suficiente sensibilidad.
Se sugirió que una de las posibles causas de
los partos prematuros o de bebés de bajo peso
podían ser las infecciones clínicas ó
subclínicas que actúen directa ó
indirectamente sobre el feto.
A esta sugerencia se llega luego de observar que:
-La prevalencia de corioamnionitis (inflamación
de la membrana corioamniótica) está aumentada
cuando existen partos prematuros, sin que hayan factores
causales locales en complejo membrana-feto, por lo que
resulta probable que haya factores a distancia que lo
provoquen.
-Luego del parto son más frecuentes las infecciones
clínicas, tanto en la madre como en el recién
nacido, cuando hubo un parto prematuro o un nacimiento
de un bebé de bajo peso.
-Existen asociaciones epidemiológicas de nacimientos
prematuros ó ruptura temprana de la placenta
con distintas infecciones del tracto genitourinario
materno bajo, especialmente la vaginitis bacteriana.
-En pacientes con trabajo de parto prematuro es común
hallar cultivos positivos en el fluído amniótico,
membrana y/o decidua.
-En el trabajo de parto prematuro, se encuentran localmente
los mismos mediadores químicos que se liberan
cuando hay una infección, a pesar de que, en
muchos casos, no hay infección clínica.
-En animales de experimentación, las bacterias
y sus subproductos inician el trabajo de parto.
-Si se encuentran Bacteroides Gram- en vagina, existe
60% más probabilidades de tener un bebé
de bajo peso.
En los tejidos periodontales existe una gran producción
de mediadores químicos de la inflamación,
como la Prostaglandina E2 (PgE2) y el Factor de Necrosis
Tumoral a (FNTa), entre otros. Estas sustancias podrían
potenciar sistémicamente a las citoquinas que
inician el trabajo de parto o directamente podrían
actuar sobre la placenta y el feto para provocar el
inicio del trabajo de parto.
Por otro lado, los subproductos bacterianos, como las
endotoxinas (lipopolisacáridos), pueden estimular
a la membrana placentaria, y esto provocaría
el aumento de Pg2 y IL1b, que inician el trabajo de
parto.
Cabe la posibilidad de que otro factor genético
o ambiental (desconocido) sea el mismo que ocasiona
ambos fenómenos (inicio temprano de trabajo de
parto y enfermedad periodontal).
Por todo esto, en los últimos años se
han llevado a cabo diversos estudios a fin de establecer
si existe una real asociación entre la enfermedad
periodontal y el parto prematuro y/o el nacimiento de
bebés de bajo peso.
Estudios en animales
Collins y colaboradores (1994) hallaron que en roedores
hamster preñadas, la provocación de una
infección subcutánea no diseminada con
Porphyromonas Gingivalis, redujo el peso de sus crías
al nacer hasta en un 25% comparadas con sus controles.
También hallaron que se reducía este peso
luego de provocar una periodontitis experimental.
Asociación a través de estudios
clínicos
El primer estudio importante en humanos que asoció
a la EP con los recién nacidos prematuros de
bajo peso fue el publicado por Offenbacher en el año
1996. Éste fue un estudio de casos y controles,
transversal, en el cual se examinaron periodontalmente
a 124 mujeres de 18 a 34 años de edad , que estaban
embarazadas o que recientemente habían dado a
luz. Se registraron el peso del bebé al nacer,
la semana de la gestación en que nacieron y otros
datos de interés, como la presencia de posibles
factores de riesgo. Del análisis de los datos
surgió que las madres que dieron a luz tempranamente
a bebés de bajo peso, tenían EP más
severa que el grupo que tuvo partos en término
y de peso normal. Modelos de regresión logística
multivariable, controlados por otros factores de riesgo
y covariables, indicaron que la EP era un factor de
riesgo significante con tasa de probabilidad (odd ratio)
de más de 7 para dar a luz en forma prematura
a un bebé de bajo peso.
Otro estudio para destacar fue el publicado por Jeffcoat
en el año 2001. Este fue un estudio de casos
y controles pero, a diferencia del anterior, fue prospectivo,
tuvo una población de estudio sensiblemente más
grande (1313 mujeres embarazadas), y los parámetros
periodontales fueron evaluados entre la 21 y 24 semanas
de gestación. Luego del parto, se recogieron
y analizaron las características de cada parto.
Se halló que las mujeres con EP tenían
un odd ratio de 4.4 (IC 95%: 2.1 a 9.1) mayor que sus
controles de tener un parto prematuro (antes de la 37
semana). Esta odd ratio fue mayor cuanto más
temprano fue el parto; 5.2 antes de la semana 35, y
7.0 antes de la semana 32. Estos odd ratios fueron ajustados
previamente con otras variables de confusión
como raza, tabaquismo y edad maternal. Cabe destacar
que la población de estudio fue fundamentalmente
de raza afro-americana (mas del 80%).
Offenbacher, nuevamente publicó un estudio relevante
en el año 2001.
Este fue un reporte parcial de un estudio mas grande
que no ha sido finalizado. Fue un estudio de casos y
controles, prospectivo, en el que se estudió
el estado periodontal de 814 mujeres en dos ocasiones
distintas (antes de la 26 semana de embarazo y posteriormente,
dentro de los dos primeros días postparto).
Se clasificó al estado periodontal de las participantes
en tres categorías: sano, EP leve y EP moderada
a severa.
La tasa de prematuridad fue de algo más del 23
%. Se encontró que el 5.5 % del total de mujeres
tenían EP moderada a severa. El 9.6% del total
de las mujeres que tuvieron partos prematuros tenían
EP y en el grupo con partos en término, sólo
el 4.3 %. También se notó que más
del 47 % de las madres que dieron a luz tempranamente,
habían empeorado su condición periodontal,
medida como un incremento de al menos 2mm de prof. de
sondaje, en cuatro sitios distintos. Esto fue particularmente
notorio en las madres que dieron a luz antes de tiempo.
La proporción de madres con EP moderada a severa
fue significativamente mayor que la de las controles
en los partos prematuros anteriores a la 35 semana (10.2%)
y, más aún, en las previas a la 32 (13.6%)
y 28 semanas (18.5%). Una observación similar
se notó con el peso; donde se observó
una diferencia estadísticamente significativa
en los bebés que pesaban menos de 2000 gm al
nacer. De nuevo, cuanto menos pesaban, más fuerte
la relación. El 81 % de las madres sin EP tuvieron
su bebé en término, comparadas con sólo
el 60 % de las madres con EP. El 90 % de los bebés
de madres sin EP pesaron mas de 2500 gr, en comparación
con el 72 % de los nacidos de madres con EP.
Con respecto al mencionado empeoramiento de las condiciones
periodontales, se observó que estuvo asociado
con el parto de bebés de menos de 2500 gr., independientemente
del estado periodontal inicial. Tambien se observó
que los niños nacidos de madres que habían
sufrido empeoramiento de sus condiciones periodontales,
pesaban menos que sus controles de madres sin empeoramiento
periodontal, y esto se confirmaba en cada subgrupo de
edad gestacional al nacimiento.
De los 6 fallecimientos de bebés en este estudio
(todos prematuros), 5 habían nacido de madres
con EP moderada a severa.
En el año 2002 se publicó el primer estudio
intervencional de relevancia. Fue realizado en Chile
por Lopez y col. Estudiaron a mujeres de nivel socioeconómico
bajo con embarazos simples de 18 a 35 años de
edad, que tenían al comenzar el ensayo clínico
entre 9 y 21 semanas de gestación, todas ellas
con EP. La presencia de al menos 4 dientes con al menos
un sitio con Profundidad de Sondaje de 4 mm y con Pérdida
de Inserción de 3 mm fue el criterio para determinar
presencia de EP. Se distribuyeron aleatoriamente a las
pacientes y se recolectaron datos demográficos,
médicos generales, ginecológicos, e información
respecto al embarazo y embarazos anteriores.
El tratamiento periodontal (intervención) que
se le realizó al grupo test consistió
en instrucción acerca del control de placa bacteriana,
y raspaje y alisado radicular bajo anestesia local.
Este tratamiento se concluyó antes de la 28 semana
de embarazo y luego se realizó un mantenimiento
periodontal cada 2 a 3 semanas. A las 28 semanas se
registraron nuevamente en ambos grupos los parámetros
periodontales.
163 mujeres en el grupo test y 188 en el control terminaron
el estudio. El 18% de las mujeres en el grupo test tenían
EP severa agresiva y debido a ello se les dió
Amoxicilina y Metronidazol durante 7 días. En
el segundo examen periodontal, se pudo ver que las mujeres
del grupo test habian mejorado considerablemente, y
que el grupo control no había modificado su estado
periodontal.
Nacieron 22 niños prematuros o de bajo peso (6.2%),
de los cuales 14 fueron prematuros y 8 tenían
bajo peso. Las mujeres que no recibieron trat. perodontal
tenían 5 veces la incidencia de bebés
prematuros de bajo peso y bebés prematuros, pero
no hubo diferencias significativas en los bebés
de bajo peso nacidos en término.
En el análisis univariable de factores de riesgo
se observó que, para el nacimiento de bebés
prematuros de bajo peso, hubo una probabilidad mayor
en las madres que no habían recibido tratamiento
en comparación con las que lo habian recibido.
Odd ratio: 5.9; Intervalo de confianza del 95%: 1.7
a 20.6. Para los bebés prematuros con peso normal,
el odd ratio fue del 5.0. Esta probabilidad resultó
más importante que cualquier otro factor de riesgo,
incluídos el haber tenido partos prematuros previos,
haber concurrido a menos de 6 visitas prenatales y haber
experimentado una baja ganancia de peso maternal durante
el embarazo y no fue influenciada por haber ingerido
antibióticos, ya sea por EP o por Bacteriosis
vaginal. En un modelo de regresión logística
múltiple, también se encontró que
el no haber recibido tratamiento de la E.P estuvo asociado
con una probabilidad mayor de tener un bebé prematuro
de bajo peso, que haber recibido el tratamiento. Odd
ratio:4.7; IC 95%: 1,2 a 3.4.
De la lectura de estos datos se desprende que la incidencia
de la EP en estas poblaciones fue similar a la registrada
en la población general en el correspondiente
grupo de edad, no olvidando, al analizar los datos,
que en esta franja de edad la EP tiene características
particulares, debido a su alta agresividad y que motivó
que en algunas clasificaciones se se las considerara
como a un grupo distinto de EP.
Otro factor a considerar es que en el estudio realizado
por Lopez sobre mujeres chilenas tenemos la muestra
poblacional más cercana a la hallada en nuestro
país, debido al parecido étnico y sociocultural.
Conclusiones
Existe amplia evidencia que asocia a la enfermedad
periodontal con el parto prematuro y con el nacimiento
de bebés de bajo peso. Esto surge a partir de
estudios de casos y controles, tanto retrospectivos
como prospectivos, pero más importante aún,
a partir de estudios donde se trató a las pacientes
con EP y se mejoró la incidencia de partos prematuros
de bebés de bajo peso.
Es de destacar que la situación en este factor
de riesgo, en particular, es mejorable, lo que no es
posible con algunos otros factores de riesgo conocidos.
Es necesario que esta información sea difundida
a la comunidad médica en general, especialmente
a las asociaciones de Ginecólogos y Obstetras,
a fin de que se realice la derivación al odontólogo
general o al periodoncista directamente.
Así también, resulta necesario que la
comunidad odontológica sea concientizada de la
necesidad de un correcto diagnóstico, que será
seguramente clínico, por no ser aconsejable la
toma de radiografías en las pacientes embarazadas,
y de un correcto tratamiento o derivación al
periodoncista, siendo que en muchos casos el tratmiento
de estas patologías excede el nivel de complejidad
que acostumbra a tratar el Odontólogo
general.
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